Destino
Reserva Masai Mara
La Reserva Nacional de Masái Mara, en el suroeste de Kenia, forma parte del extenso ecosistema Serengeti-Mara que se prolonga hacia Tanzania. Con unas 1.510 km² de sabanas, ríos y colinas onduladas, constituye el corazón simbólico de la vida salvaje africana. El nombre procede del pueblo masái y del río Mara, que serpentea entre acacias dispersas y praderas doradas, sosteniendo uno de los sistemas ecológicos más ricos del continente. Su altitud, entre 1.500 y 2.200 metros, le otorga un clima templado durante todo el año, favoreciendo la presencia permanente de grandes herbívoros.
Cada año, entre julio y octubre, la Gran Migración transforma el paisaje en un escenario épico: más de un millón de ñus, acompañados por cebras y gacelas de Thomson, cruzan desde el Serengeti en busca de pastos frescos. Este ciclo ancestral, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en su conjunto transfronterizo, atrae a depredadores como leones, leopardos, guepardos y hienas, creando un espectáculo natural único en el mundo. El cruce del río Mara, con sus cocodrilos al acecho, se ha convertido en uno de los momentos más sobrecogedores de la naturaleza africana.
Más allá de la migración, Masái Mara mantiene una densidad de fauna extraordinaria durante todo el año. Elefantes, jirafas, búfalos, topis y más de 470 especies de aves pueblan sus llanuras. En los bosques ribereños del Talek y el Mara sobreviven leopardos solitarios, mientras las colinas de Oloololo ofrecen panorámicas que resumen la inmensidad del paisaje. Las lluvias breves de abril y noviembre reavivan los colores, y en la estación seca los ríos concentran la vida en torno al agua.
Culturalmente, el Mara es también tierra ancestral del pueblo masái, cuyos pastores conservan un modo de vida íntimamente ligado a su territorio. Algunos grupos gestionan conservancies privadas que combinan la protección de la fauna con los derechos comunitarios, un modelo de conservación ejemplar en África Oriental.
Masái Mara encarna el imaginario africano por excelencia: la vastedad de la sabana, la intensidad de la vida salvaje y la coexistencia entre naturaleza y cultura. Ningún otro lugar simboliza con tanta fuerza la esencia del paisaje keniano.
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